martes, 3 de octubre de 2017

Tengo miedo

El terreno de Stansa (luego Ricoh), en la esquina de Pardo y Aliaga con Conquistadores, está vacío.

Esquina de las Avs. Pardo y Aliaga, y Conquistadores
(Google Street View)

El proyecto original no era nada excepcional, excepto dos cosas que hacían que, al menos, no fuera dañino. La escala se ajustaba a la del edificio San Carlos (aun en pie), y ofrecía hacia la fachada principal un retiro generoso.

Desde el punto de vista urbano, esta esquina no es ninguna maravilla. Uno de sus lados es el muro ciego del colegio María Reina; los otros dos, bancos. Pero mucha gente pasa por ahí, a pie, en carro o bus. Esto la hace relevante para todas esas personas que, sin quererlo, son usuarias de este espacio.

Esquina de las Avs. Pardo y Aliana, y Conquistadores, estado actual
(Imagen propia)

En la actualidad ese lote vacío, enorme, es una gran oportunidad. Sospecho que lo que sea que se construya en él se parecerá más al edificio vecino que actualmente tiene hacia el frente de Conquistadores. Un edificio de oficinas que aprovecha al máximo la superficie del terreno en pos de una mayor rentabilidad. Un anónima caja de vidrio como tantas otras que pueblan esa parte de la ciudad.

Y tengo miedo.

A una cuadra de distancia, en la misma avenida y en dirección a la huaca Pucllana, está el que considero uno de los ejemplos más nocivos de edificio de oficinas. Una forma geométrica pura, abstracta, en donde la escala humana y la relación con el exterior, brillan por su ausencia.

(Imagen propia)
Es posible que el interior sea una maravilla, más por mérito de los diseñadores que de la fachada negra, que obliga a usar luz eléctrica hasta en los días más soleados. Lo que a mí me preocupa es el exterior. Eso que es usado por muchísima más gente que la que trabaja al interior. Eso que será sufrido por todos nosotros si es que otra caja hermética llega a ocupar el terreno vacío.

Muros ciegos, ningún referente de escala humana (excepto el nombre de las calles, en un murete parecido a los tradicionales, pero, cómo no, en negro), ninguna relación con el exterior. El ingreso, una perforación más apropiada a un calabozo. El bonito efecto que podría dar el color cobre se pierde bajo el peso del resto de la composición. No provoca entrar. Y, lo que es mucho peor, no provoca pasar por el costado.

Volvamos a nuestro terreno vacío y caminemos una cuadra más, pero en la otra dirección, hacia la Av. Camino Real. Otro edificio de oficinas. Otro objeto abstracta, pero ligeramente distinto. No se trata, en absoluto, de uno de mis edificio favoritos, pero sí hay que reconocerle algunos aciertos.

(Imagen propia)
En lugar de un borde hermético, tenemos tiendas. Sólo tres, que logran hacer toda la diferencia. Caminar por ahí no me va a iluminar el día, pero tampoco genera rechazo o miedo, y esto ya es una gran cosa. La distancia entre la vereda y la vitrina de la librería, lograda por un zócalo bajo, no me deja leer los títulos de los libros, pero eso no influye en lo agradable de la imagen. Los cristales, que separan las mesas del restaurante del exterior, no molestan.

El resto del volumen pasa desapercibido desde la escala del peatón, pero, si uno se detiene a mirarlo, hay un par de detalles diferentes que lo hacen menos agresivo. No es un solo tipo de vidrio, sino dos,  lo que ayuda a manejar la escala con respecto al ser humano; el color predominante es un azul claro y alegre. Hay sustracciones, sutiles, sí, pero que logran salvar al edificio de la apariencia de mole maciza. A diferencia del anterior, este sí parece ser un edificio vivible. 

En el terreno vacío se repiten las mismas responsabilidades, y se agregan unas cuantas. Hay una esquina; ¿se va a aprovechar, como un respiro urbano o una entrada jerárquica, o se va a ignorar? Hay tránsito de personas, un kiosko, un paradero; ¿se va a considerar el impacto sobre los usuarios cotidianos de ese pedazo de ciudad? Se está buscando consolidar un eje comercial, peatonal, en la Av. Conquistadores; ¿se aportará a esa iniciativa? Finalmente, ¿qué importa más? ¿La imagen institucional del edificio como objeto/trofeo/foto de revista, o la experiencia urbana del usuario que lo sufre?

Las posibilidades son infinitas.

Esta es una esquina maravillosa, una oportunidad única de hacer algo fantástico.

O, al menos, de hacer algo que no sea nocivo.

Pero tengo miedo.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Las 7 lámparas de la crítica arquitectónica (L. Hosey)

Traducción de extractos del artículo "The 7 Lamps of Architecture Criticism", publicado en Huffington Post.

"[...] ¿Qué es "crítica seria" en arquitectura? Este es un tópico vital, dado que los críticos frecuentemente dan forma a la opinión pública, tanto como lo hacen los mismos arquitectos, o más. Pregunté a un grupo de escritores respetados cuáles creen que son las principales características de la buena crítica. Blair Kamin, el crítico del Chicago Tribune, ganador del Pulitzer, me dio una lista que llamó 'Las siete lámparas de la crítica arquitectónica", en homenaje al tratado de John Ruskin de 1849. Sin vergüenza alguna, voy a robar y adaptar su estructura alrededor de comentarios de otros.

1. De principios (Principled)

"Necesitamos críticos iluminados, no francotiradores de sillón," insiste Susan Szenazi, editora jefe de Metropolis. "El crítico ideal es justo, ético, empático," dice Cathy Lang Ho, la editora jefe original de The Architect's Newspaper. "Ten un objetivo mayor," dice Alexandra Lange, autora de Writing About Architecture: "Enfatiza por qué [tu opinión] importa - en la ciudad, al público, a los usuarios." Cathleen McGuican, editora jefe de Architectural Record, está de acuerdo: "Juzga a un proyecto por su propios méritos. No puedes juzgar una cabaña como lo harías con un castillo." Justicia, señala, significa "no esconder tus propios fuertes sesgos," una cualidad a la que John King, de San Francisco Chronicle, se refiere como "honestidad". Michael Sorkin, el antes crítico de Village Voice, dice que la buena crítica "defiende equidad, belleza y sostenibilidad" y "promueve amabilidad, generosidad y excelencia."

2. Plausible

"La emoción no triunfa sobre la razón," dice Robert Ivy, quien antes escribía en Architectural Record y es, en la actualidad, CEO de the American Institute of Architects. "La pasión puede lograr mucho, pero no es lo único que hay." McGuigan usa el término autoridad, que requiere que "los críticos se vuelvan bien informados en cada aspecto de la construcción, programa, contexto, y límites de sus objetos de crítica." Como señala Kamin, "Los buenos críticos realmente conocen su territorio. Muchos sitios web actualmente sólo juntan imágenes y artículos de noticias sin ofrecer un punto de vista. Eso no es crítica - es maquillaje."

3. Ubicada (Placed)

"Los edificios no son meros objetos estéticos," dice Karrie Jacobs, la editora jefe original de la revista Dwell. "La buena crítica no se trata de comentar un render. Considera la arquitectura en el contexto de las muchas fuerzas en competencia (y frecuentemente en conflicto) que dan forma a un edificio." Lange está de acuerdo: "El contexto es una de las maneras en las que la crítica añade valor." En palabras de King, "La buena crítica debe estar enraizada." Szenasy lo explica: "La buena crítica de arquitectura entiende el contexto, sea este social, económico, ambiental o cultural. Diseñar sin estas conexiones es un ejercicio estilístico hueco."

4. Persuasiva

"El crítico debe construir un argumento persuasivo - ladrillo por ladrillo," declara McGuigan. Como señala Sorkin, la mejor crítica "lucha por su propia relevancia y presencia." [...] explica Kamin: "tú sabes lo que el crítico piensa." Lange añade que "la técnica más persuasiva es hacer que el lector vea cosas a través de los ojos del crítico. Sé visual. Describe la experiencia de modo tal que las personas puedan imaginarse a sí mismas ahí."

5. Apasionada (Passionate)

"La crítica depende del amor", proclama el ganador del Pulitzer Paul Goldberger, quien añade "el conocimiento, el juicio, y una habilidad para balancear estas cosas", como cualidades esenciales. La palabra "amor" puede sorprenderte, dado que, como Lange dice, muchas personas creen erróneamente que "crítica es igual que odiar cosas." Pero Goldberger se explica en Building Up and Tearing Down: "Un crítico que no ama su disciplina no puede durar mucho en ella... Amar la cosa... y además amar lo que la cosa significa en las vidas de otras personas" es un pre-requisito. Ivy está de acuerdo, y dice que la buena crítica refleja "un profundo compromiso" y "amor por el objeto." Según King, "tienes que tener una pasión y una ambición que se extiende más allá que simplemente hacer un balance de la última torre."

6. Provocativa

"El crítico debe ser un luchador", escribió el año pasado el historiador y crítico Joseph Rykwert. Hace una década, el fallecido "perro guardián de la arquitectura" Allan Temko señaló que pocos escritores contemporáneos aprecian "la crítica activista - la necesidad de salir y pelear con uñas y dientes." Los críticos pueden usar su posición para "hacer fuerte propaganda por una postura real," dice Sorkin. Deben ser "osados", sostiene Ho, "al manifestarse por prácticas que contribuyen a un mundo más equitativo y sostenible." Kamin opina que "un crítico no sólo termina una conversación - él/ella puede iniciarla."

7. Pública

"El principal propósito de la crítica arquitectónica," declara Kamin, "es construir un puente entre la gente y la esfera pública. La arquitectura no es una transacción puramente privada entre arquitectos y clientes. Afecta a todos. Así es que debe ser comprensible por todos." Sorkin ha llamado a la crítica "una profesión de servicio" cuyo "rol es evaluar y promocionar los efectos positivos que la arquitectura puede brindar a la sociedad y al mundo." Ho respalda esta postura: "Al final, los edificios encarnan un conjunto de valores, y los mejores críticos son aquellos que abogan por valores que eleven a la sociedad y, al mismo tiempo, ayuden a desarrollar el arte."

[...]

"Los edificios no existen en un vacío", señala Kimmelman, [...]. "Estos pueden ser sorprendentes e innovadores a la vista, pero no son esculturas." Todos los escritores que entrevisté enfatizan que la arquitectura y su crítica deben demostrar gran empatía por el público."

miércoles, 9 de agosto de 2017

¿El arte o la arquitectura? ¿Debemos escoger? (R. Pezzia)

Ensayo finalista del Primer Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica

Escribe Romina Pezzia



Caminando por la Av. Jorge Vanderghen en dirección a la Av. Santa Cruz en el distrito de Miraflores, me di con la extraña sorpresa de encontrar un edificio fuera de lo común, muy diferente a los que podemos encontrar por esa zona residencial de densidad media. Sin embargo, debido a su ubicación en plena Av. Santa Cruz de carácter comercial, podía justificar y hasta entender su existencia. Una de las características que más me llamó la atención, y que definitivamente no pasa desapercibida es la composición lograda gracias a los coloridos paneles de policarbonato y marco de aluminio colocados en todos y cada uno los balcones corridos de dichas viviendas que conforman la edificación. Estos paneles, son la pieza clave de la fachada y debido a la elección de los colores primarios se logra en ella la semejanza a una composición abstracta de uno de los artistas representantes de la vanguardia de los años 20 “De Stijl”, Piet Mondrian. A partir de reconocer esa relación surgieron en mí una serie de interrogantes: ¿Por qué el arquitecto decidió evocar el estilo de este movimiento del arte moderno en este edificio? ¿Es válido que la arquitectura se apropie de referentes artísticos? ¿Necesita de ellos para que pueda transmitir alguna sensación? Cabe cuestionar también, si este acto le suma o le resta valor a la obra arquitectónica. Por otro lado, refriéndonos al aspecto funcional, si el propósito de los paneles era proteger a las viviendas de la incidencia de la luz solar al atardecer, ¿por qué se eligió un material traslucido para ello y por qué con esos colores específicamente?

Antes de resolver algunas de estas interrogantes, debo en primer lugar mencionar lo que este descubrimiento provocó en mí y de seguro en muchos más curiosos espectadores y vecinos. Cuando lo vi, no podía descifrar si se trataba de un edificio de viviendas o de oficinas, esa incertidumbre se reflejaba también en mi posición respecto a la estética, de lo que si estoy segura es que llevaba el ceño fruncido en la frente y mi cabeza se movía de derecha a izquierda con movimientos repetidos y muy veloces, me negaba rotundamente a su existencia, simplemente porque no lo quería entender. De mi boca comentarios en tono indignado brotaban sin parar: ¿a quién se le ocurre hacer algo así? ¡Qué falta de imaginación! ¡Qué literal su reinterpretación! ¡Qué incómodo debe ser la luz que reflejan esos paneles!, y así muchos más comentarios… ¡Qué huachafo!, llegué por concluir y así fue como declaré mi disgusto oficial ante este edificio.

Pero no fue hasta hace poco que ese disgusto se transformó y pasó a convertirse en cariño. Eso ocurrió en el momento en que leía la siguiente afirmación de la cual ya había escuchado, pero hasta entonces no la había podido relacionar con la arquitectura:

“El arte no es para los museos sino para el pueblo”, sostenía Josep Luis Sert, arquitecto español y amigo cercano de grandes artistas modernos como Pablo Picasso, Joan Miró y Alexander Calder, sólo por mencionar a algunos cuantos con los que trabajó directamente.

Fue en ese instante donde el edificio de la av. Santa Cruz apareció en mi mente junto con una revelación, comprendí una de las muchas razones de ser de la arquitectura y la importante misión y oportunidad que tenemos hoy en día los arquitectos peruanos. Entendí que más valor tiene este gesto en la arquitectura, esta evocación de una obra maestra de arte, a que la misma obra esté en un museo de la ciudad. Primero, porque para ver la obra necesitas decidir ir a verla y dedicar un tiempo de tu vida para ello, en cambio cuando te topas con un edificio es porque está en tu camino y tienes que verlo si o si, no hay otra opción y no involucra una decisión para el común de los mortales, exceptuando a los arquitectos o aficionados a esta. Cabe resaltar que evidentemente, no podríamos comparar una simple evocación a una obra de arte con la pieza original. Acá no vengo a desacreditar a los artistas ni mucho menos, sin embargo entra en primera instancia, a lo que Sert se refería con la cita antes dicha. Más vale exponer el arte de una forma que llegue a la mayor cantidad de público posible a que se encuentre solitaria en un museo, y creo en mi humilde opinión, que si bien hoy en día el número de visitas a museos en nuestro medio se ha elevado, estamos aún en el proceso de ganar mayor número de espectadores. La interrogante en este caso sería, ¿cómo hacer para llevar el arte fuera de las cuatros paredes de un museo o una galería? Acá es donde podría la arquitectura y los arquitectos jugar un papel importantísimo en ello. Es por este motivo que decidí comparar el edificio en cuestión con otras edificaciones que se vienen ejecutando en la misma zona y de la misma tipología, edificios multifamiliares.

Luego de una rápido escaneo, pude apreciar que todos o en su gran mayoría presentan fachadas revestidas con materiales “modernos y exclusivos”. Considero que una tarea de las muchas que tenemos como arquitectos, más que diseñar para satisfacer una moda pasajera como la utilización de la fachaleta de ladrillo, las adherencias sin sentido de vigas metálicas y el enchape de porcelanato tipo madera (solo por mencionar una de las combinaciones más famosas en la actualidad para un sector limitado de una zona de la ciudad de Lima), es, así como se hizo en este caso, por qué no, hacer reminiscencias de obras maestras de arte. ¿Por qué no conmemorar y/o tomar prestado obras de otros artistas de vanguardia? Con el fin por supuesto de educar a la población. Recordemos que las vanguardias tenían un mismo propósito como lo mencionó Umberto Eco: ampliar al hombre contemporáneo el campo de lo perceptible y de lo gozable.

En esta afirmación podría surgir otra discrepancia: ¿el común de la gente logra reconocer o sabe de estas vanguardias? ¿A cuántas personas realmente este edificio en cuestión les hace recordar a la obra de Mondrian? Y la más importante y que se mencionó al inicio, ¿acaso la arquitectura debe valerse del arte como única herramienta para generar cultura e identidad? ¿Es eso válido?

Puede ser que todavía no estemos preparados para reinterpretar las obras de vanguardia en nuestra arquitectura o que inclusive no sea necesario y que este ejemplo del edificio “Lofts & Shops”- nombre con que la constructora que lo edificó lo llama- no sea la mejor de las pruebas de ello, pero al menos lo intentó y probó que se puede lograr algo distinto. Por otro lado, lo que si podríamos hacer es tomar elementos de nuestra cultura y del arte peruano, ya sea de la historia o mejor aún del contemporáneo. ¿Acaso así no lo hizo Enrique Seoane Ros? Uniendo las artes y evocando las culturas preincaicas. Muchos podrían estar en contra pensando que eso es también adornar la arquitectura, podrían pensar que es inclusive hasta huachafo, pero ¿no es lo mismo que colocar muchas texturas o materiales distintos como se hace hoy en día? Si nos ponemos a evaluar cual acción tiene más sentido, sin duda es la que evoca al pasado y la cultura, la cual ayuda a reflejarla, a ponerla al descubierto y así reforzar la identidad peruana. Indicios de esto también se pueden encontrar hoy de manera intuitiva en la arquitectura contemporánea (autoconstruida) de la periferia de la ciudad de Lima. Evidentemente ese no es el único ni el correcto camino a seguir, no estoy proponiendo que llenemos nuestros edificios con texturas de cerámicas precolombinas ni mucho menos. Lo que propongo es encontrar y establecer la vanguardia en la que vivimos hoy o en el peor de los casos, a falta de una generarla. Este trabajo podría parecer difícil pero podemos hacerlo en conjunto con otros profesionales que nos guíen y ayuden en el proceso. Unamos las artes, ¿es posible diseñar de la mano de artistas también? ¿Por qué no lo hacemos?, ¿es que tenemos miedo a ser reemplazados, o es que nuestro ego nos dice que no es necesario porque nosotros ya somos artistas? La arquitectura debe empezar a hablar y no precisamente de banalidades ni de gustos momentáneos, ni mucho menos de modas absurdas y sin sentido, sino empezar a hablar de historia, de cultura, de arte como lo que es y lo que realmente debería significar. Debemos poder sentir la arquitectura y todo lo que esta tiene por ofrecer. Debemos hacer crecer el arte y la arquitectura, ¡qué mejor si de la mano!, ambos ámbitos importantísimos pues generan ciudad, cultura e identidad, aspectos en los cuales nos falta mucho por crecer como país y sociedad.

Para concluir, me gustaría retomar algunos aspectos formales de la obra en cuestión, como por ejemplo el gesto que hace de no cerrarse en esquina y que con una curva en el diseño, logra que la perspectiva de la calle se abra y permita su prolongación. También, rescato el gesto amable de regalar el retiro municipal como espacio público a la ciudad, sin embargo, las tiendas-boutique que ahí se encuentran no permiten que el común de los denominadores, se sienta libre de ingresar a ellas y menos hacer uso de esa explanada vacía que ni mobiliario tiene. ¿Por qué por ejemplo no se planteó un
café, un lugar de encuentro? Cabe la duda: ¿en realidad son viviendas para artistas? ¿O es que suena “más de estilo” decir que vives en un loft como los artistas de los años 60 en Nueva York? ¿Eso quiso evocar el edificio? ¿Por eso se escogió una obra tan importante para asociarla al tipo de vivienda loft?

Dejaré abiertas todas estas interrogantes, porque sea cual sea que haya sido el motivo para llegar a la decisión de evocar una obra de arte en la arquitectura, esta queda en segundo plano cuando logras despertar la cultura e historia, en este caso del arte, en las mentes de la población o al menos eso fue lo que logró en mí.

Para terminar cito a Eco nuevamente, el primer paso, al hacer una obra de arte, es plantear una intención formativa. ¿Cuál es nuestra intención al empezar a diseñar arquitectura?

Referencias:

-Juncosa, P. (ed.) (2011). Josep Lluís Sert: Conversaciones y escritos. Lugares de
encuentro para las artes. Barcelona. Editorial Gustavo Gili, S.L.

-Eco, U. (1970) La definición del arte. Barcelona. Ediciones Martinez Roca S.A.

sábado, 5 de agosto de 2017

2° Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica

Nos complace organizar, junto a La Chimenea, el 2° Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica


Bases del concurso:

Más información a nuestra página de Facebook o al correo: arquitecturaycritica@gmail.com

lunes, 10 de julio de 2017

10 cosas que me motivan como profesora

1. Café. Más café. Una cafetera. Chocolate caliente también puede ser.

2. Visitas de exalumnos. [Si vienen con comida, mejor].

3. Cursos de los buenos, presenciales y online. [Y no me refiero a ese de "cómo hacer tu Power Point" que a veces nos vemos forzados a llevar porque tenemos que cumplir con una cuota].

4. Conversaciones inteligentes con los colegas. [Tener tiempo para conversar con los colegas].

5. Siestas. Hay estudios aquí, aquí y aquí que demuestran que funcionamos mejor con una de esas.

6. Grupos de investigación. Y si están formados por alumnos motivados, mejor.

7. Preguntas inteligentes a mitad de la clase. Preguntas disruptivas, de esas que me hacen tener que buscar información que no conozco. 

8. Viajes de estudio. Sola, acompañada. Con alumnos, sin alumnos.

9. Libros. Librerías. Descuentos en librerías por ser profesora. Libros gratis. Libros buenos.

10. Bitácoras moleskine en blanco, por estrenar.

Y la yapa: Reuniones que se cancelan, a veces. [Lo siento, es la verdad].

viernes, 9 de junio de 2017

No, no tienes derecho a tu opinión (II)

Traducción de "No, you're not entitled to your opinion" de Patrick Stokes.

"Cada año, trato de hacer al menos dos cosas con mis estudiantes, al menos una vez. Primero, me preocupo de referirme a ellos como "filósofos" - un poco cursi, pero, espero, alienta el aprendizaje activo. 

En segundo lugar, digo algo como esto: "Estoy seguro que ustedes han oído la expresión 'todos tienen derecho a su opinión'. Tal vez incluso lo han dicho ustedes mismos, tal vez para ganar un argumento o llevarlo su fin. Bueno, desde el momento en el que entran a este salón, esto ya no es verdad. Ustedes no tienen derecho a su opinión. Sólo tienen derecho a aquello que pueden argumentar."

¿Es un poco duro? Posiblemente, pero los profesores de filosofía le deben a sus estudiantes el enseñarles cómo construir y defender un argumento - y cómo reconocer cuando una creencia se ha vuelto indefendible. 

El problema con "tengo derecho a mi opinión" es que, muy frecuentemente, se utiliza para albergar creencias que deberían haber sido abandonadas. Es como decir "puedo decir o pensar cualquier cosa que yo crea" - y, por extensión, continuar discutiendo parece una falta de respeto. Y esta actitud se alimenta, creo yo, de la falsa equivalencia entre expertos y no-expertos, que es una característica cada vez más perniciosa de nuestro discurso público.

Primero, ¿qué es una opinión?

Platón distinguió entre opinión o creencia popular (doxa) y conocimiento certero, y la suya es una distinción que aún hoy funciona: a diferencia de "1+1=2" o "no hay círculos cuadrados", una opinión tiene un grado de subjetividad e incerteza. Pero "opinión" abarca un amplio espectro, desde gustos y preferencias, pasando por opiniones sobre asuntos que atañen a la mayoría de las personas, como prudencia o política, a puntos de vista anclados en expertise técnico, como lo son opiniones legales o científicas.

No puedes verdaderamente argumentar el primer tipo de opinión. Sería un tonto si insistiera que estás equivocado en preferir el helado de fresa al de chocolate. El problema es que, a veces, implícitamente parecemos tomar opiniones procedentes de fuentes secundarias, o incluso terciarias, como no argumentables, así como las cuestiones de gusto lo pueden ser. Tal vez esta es una de las razones (no hay duda que hay otras) por las que los amateurs entusiastas piensan que tienen derecho a no estar de acuerdo con científicos del clima e inmunólogos, y quieren que sus propios puntos de vista "se respeten".

Meryl Dorey es la líder de la Australian Vaccination Network, que, a pesar de su nombre, tiene una postura vehemente anti-vacunas. La señora Dorey no tiene calificaciones médicas, pero argumenta que si Bob Brown [político, médico y ambientalista australiano] puede comentar sobre energía nuclear sin ser un científico, ella debería poder comentar sobre vacunas. Pero nadie asume que el Dr. Brown es una autoridad en la física de la fisión nuclear; su trabajo es comentar sobre las respuestas políticas ante la ciencia, no la ciencia en sí misma.

Entonces, ¿qué significa "tener derecho" a una opinión?

Si "todos tienen derecho a su opinión" significa simplemente que nadie tiene el derecho de impedir que las personas piensen y digan lo que quieran, entonces la afirmación es cierta, pero bastante trivial. Nadie puede impedir que digas que las vacunas causan autismo, independientemente de cuántas veces dicha afirmación ha sido desacreditada.

Pero si "el derecho a la opinión" significa "el derecho a que tus puntos de vista sean tratados como candidatos serios a la verdad", entonces esto es muy claramente falso. Y esta, también, es una distinción que tiende a ser poco clara.

[...] en el programa de ABC Mediawatch, WIN-TV Wollongong fue encargado de presentar una historia sobre una epidemia de sarampión, que incluyó comentarios de - adivinaron - Maryl Dorey. En respuesta a las quejas de un televidente, WIN dijo que la historia era "cierta, justa y balanceada, y presentaba las opiniones de médicos y de los grupos de interés". Pero esto implica un derecho de ser escuchado equivalente, en un problema en el que sólo uno de los dos grupos tiene experiencia relevante. De nuevo, si esto fuera sobre las políticas en relación a la ciencia, esto sería razonable. Pero el mal llamado "debate" aquí es sobre la ciencia en sí misma, y los "grupos de interés" simplemente no tienen derecho a tiempo al aire, si es que ahí es donde se supone que debe darse el desacuerdo.

El anfitrión de Mediawatch, Jonathan Holmes, fue considerablemente más directo: "hay evidencia y hay patrañas (bulldust)", y no es parte del trabajo de un reportero el dar a las patrañas el mismo tiempo que al expertise serio.

La respuesta de los voceros anti-vacunas fue predecible. En el sitio de Mediawatch, la señora Dorey acusó a ABC de "abiertamente censurar un debate científico". Esta respuesta confunde el que alguien no tome en serio tus puntos de vista con el no tener permiso para tener dichos puntos de vista o expresarlos - o, para tomar prestada una frase de Andrew Brown, "confunde perder un argumento con perder el derecho a discutir." Nuevamente, aquí se están confundiendo dos definiciones de "tener derecho" a una opinión.

Entonces, la próxima vez que escuches decir a alguien que tiene derecho a su opinión, pregúntales por qué piensan eso. Las posibilidades son, al menos, que de este modo termines teniendo una conversación más agradable."
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